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Siglo XX

​​​​​Su principal expectativa de progreso económico se cifraba en la construcción y desarrollo del puerto de Bilbao. Es en este período cuando comienza a sobresalir el nombre de Santurtzi “Bonita Aldea”, a la sazón pueblo de pescadores, que disfrutando de las limpias playas de Loliso y la Pesquera, vendría a recibir la visita de gran número de ilustres veraneantes.
  
De su estancia en el pueblo daban cuenta un importante número de palacetes y casas de veraneo. En la actualidad se conservan algunos edificios de aquella época.
El primer tercio del siglo XX conoce una actividad vertiginosa. En el capítulo de las infraestructuras, se finaliza el rompeolas exterior, se desecan playas, se rellenan espacios costeros, se construyen un nuevo puerto y el parque central en los terrenos ganados al cauce del Nervión. El equipamiento social mejora con la instalación de nuevas escuelas y colegios, el hospital, el asilo, la casa-cuna y las enseñanzas de náutica, en la que tan destacado papel jugaron las fundaciones de benefactores locales.
La Guerra Civil arrumbó muchos de estos logros, sumergiendo la vida de la población en una década de penurias. Hacia 1949, Santurtzi comienza a retomar el pulso del progreso, con la ejecución de nuevos rellenos de la costa que proporcionan espacios para la industria naval, la construcción del mercado municipal y la edificación de viviendas sociales para los pescadores. Los 3000 habitantes del lejano año 1901, se habían convertido en 15.000 para 1955. Pero la verdadera explosión demográfica de Santurtzi estaba por llegar en el tercer cuarto del siglo XX: la población creció tocando techo en 1978, con 55.159 habitantes, lo que provocó la acelerada construcción de viviendas que desmanteló el paisaje rural de huertas, viñas y pastizales.
El advenimiento del período democrático coincidió con una grave crisis económica en la comarca, que también se reflejó en Santurtzi. Como en tantas otras ocasiones, el municipio se ha sobrepuesto a las dificultades, adaptando sus recursos y el cada vez más escaso espacio disponible a las exigencias que demanda la vida del siglo XXI.​​​​​